El caso
del Mercado de La Parada o cómo la prepotencia se tiñó de sangre.
La Parada está situada en una zona deprimida y
populosa del distrito de La Victoria en la que habitan personas honestas y trabajadoras que superviven con la delincuencia. Como todo barrio
pobre no tiene o tiene precarios servicios públicos, entre ellos el de seguridad; hay horas del día en que la delincuencia campea libremente y la policía o el serenazgo brillan por su ausencia. La población honesta- que es mayoría- ha
aprendido a sobrevivir con valentía ante el desamparo del Estado. Sus calles
están llenas de basura y roedores. La Municipalidad de la Victoria no recoge los
desperdicios pero sí cobra a los ambulantes que venden alrededor del mercado.
Desde 1945 existe el mercado mayorista de La Parada que es administrado por EMMSA, empresa municipal. Este mercado constituye el centro neurálgico de la zona. Según información oficial de la web de EMMSA, trabajan 756 comerciantes mayoristas formales (concesionarios), un número indeterminado de mayoristas informales trabajan en los corralones adjuntos, 3,400 trabajadores entre estibadores y transportistas manuales y gran número de ambulantes, la mayoría mujeres, que venden al por menor en las afueras del mercado.
Como se observa dicho centro de abastos hace tiempo que ha colapsado, por ello, al haberse culminado la I Etapa del mercado de Santa Anita, se ha programado el traslado de las actividades mayoristas a dicho mercado. En Santa Anita no se permitirá el mercadeo al por menor, quedando sin trabajo los comerciantes ambulantes de la paradita, tampoco se requerirá de estibadores ni transportistas manuales dado sus “modernos” métodos de manipuleo de mercancías. Por lo tanto al cerrar La Parada se dejará sin ocupación a un gran número de trabajadores, razón por la cual se oponían al traslado y querían conversar con la Municipalidad de Lima para buscar una alternativa.
Desde 1945 existe el mercado mayorista de La Parada que es administrado por EMMSA, empresa municipal. Este mercado constituye el centro neurálgico de la zona. Según información oficial de la web de EMMSA, trabajan 756 comerciantes mayoristas formales (concesionarios), un número indeterminado de mayoristas informales trabajan en los corralones adjuntos, 3,400 trabajadores entre estibadores y transportistas manuales y gran número de ambulantes, la mayoría mujeres, que venden al por menor en las afueras del mercado.
Como se observa dicho centro de abastos hace tiempo que ha colapsado, por ello, al haberse culminado la I Etapa del mercado de Santa Anita, se ha programado el traslado de las actividades mayoristas a dicho mercado. En Santa Anita no se permitirá el mercadeo al por menor, quedando sin trabajo los comerciantes ambulantes de la paradita, tampoco se requerirá de estibadores ni transportistas manuales dado sus “modernos” métodos de manipuleo de mercancías. Por lo tanto al cerrar La Parada se dejará sin ocupación a un gran número de trabajadores, razón por la cual se oponían al traslado y querían conversar con la Municipalidad de Lima para buscar una alternativa.
Las promesas incumplidas
Durante la última campaña municipal, cuando
la candidata Villarán visitó La Parada prometió a los comerciantes que, de ser
elegida, los ayudaría a la privatización del Mercado Mayorista Nº 1, así mismo
en sus sucesivas presentaciones denunciaba que el Mercado Santa Anita no estaba
terminado y que de ser elegida el traslado se realizaría cuando esté culminado.
Ya ungida como alcaldesa, inició las llamadas mesas de diálogo, hoy tan de
moda, con los comerciantes de La Parada; pero en dichas mesas no se llegó a
ningún acuerdo. La MML las utilizó para
ablandar a la otra parte, es decir dejaron hablar a los comerciantes e impusieron sus propuestas; lógicamente las
conversaciones fracasaron. Paralelo a ello comenzó la guerra fría, se dijo que
desalojarían a los comerciantes, después que no los desalojarían, que todos
pasarían a Santa Anita, después que sólo los mayoristas, etc.
Los terribles sucesos del fin de semana del 25 al 27 de octubre llenaron de violencia y sangre las calles, ante una población que impotente aceptaba como el Estado cerraba con su centro de trabajo, anulaba sus honradas posibilidades de sobrevivencia y los encerraban entre bloques de cemento y zanjas, cual moderno gueto que nunca se ha visto en el Perú.
Los terribles sucesos del fin de semana del 25 al 27 de octubre llenaron de violencia y sangre las calles, ante una población que impotente aceptaba como el Estado cerraba con su centro de trabajo, anulaba sus honradas posibilidades de sobrevivencia y los encerraban entre bloques de cemento y zanjas, cual moderno gueto que nunca se ha visto en el Perú.
Los días de la prepotencia y vergüenza
Día jueves
25, 14 horas.
Por esas horas el mercado había disminuido su actividad pero todavía había descarga
de camiones. Afuera el comercio minorista se desarrollaba normalmente. Los
niños salían de los colegios, no había novedad en las calles, a unas cuadras el
centro comercial Gamarra mantenía su cotidiano dinamismo. Sin previo aviso y
sorpresivamente, como si el Estado hubiera dispuesto un ataque al enemigo, llegaron
1,300 policías y 80 jinetes de la policía montada acompañados con grandes
tráileres cargados de bloques de cemento para cerrar las vías de acceso al
mercado e impedir que lleguen los camiones con mercaderías. El objetivo era
claro: sitiar el mercado para que éste muera de inanición.
Al producirse los primeros desplazamientos la policía tuvo la oposición de los habitantes de la zona, entre ellos los trabajadores del mercado, que reaccionaban a la prepotencia de la acción. La policía respondió con bombas lacrimógenas y violencia creando una situación de pánico en toda la zona. Las casas y los colegios se llenaron de gases. Niños, madres y ancianos lloraban. Todos corrían. Poco a poco fueron llegando grupos delincuenciales que fueron tomando la conducción de la reacción. Los comerciantes se encerraron en el mercado, los pobladores buscaban llorando a sus parientes entre gases lacrimógenos, balazos, piedras, relinchos de caballos, gritos y lamentos.
Se fueron creando focos de enfrentamientos entre pobladores agitados por los delincuentes y la policía que retrocedía hasta quedar vergonzosamente arrinconada. Controlada la situación por los delincuentes se iniciaron los saqueos a los negocios aledaños sobre todo en la zona comercial de Gamarra. El saldo de ese día, según la prensa, fue: 2 civiles muertos, 44 civiles y 66 policías heridos y un barrio, el de La Parada, envuelto en miedo y pánico. Un operativo ordenado por la Municipalidad Metropolitana de Lima- por su alcaldesa que a la sazón se encontraba en Nueva York- y conducido por un coronel de la policía nacional.
Al producirse los primeros desplazamientos la policía tuvo la oposición de los habitantes de la zona, entre ellos los trabajadores del mercado, que reaccionaban a la prepotencia de la acción. La policía respondió con bombas lacrimógenas y violencia creando una situación de pánico en toda la zona. Las casas y los colegios se llenaron de gases. Niños, madres y ancianos lloraban. Todos corrían. Poco a poco fueron llegando grupos delincuenciales que fueron tomando la conducción de la reacción. Los comerciantes se encerraron en el mercado, los pobladores buscaban llorando a sus parientes entre gases lacrimógenos, balazos, piedras, relinchos de caballos, gritos y lamentos.
Se fueron creando focos de enfrentamientos entre pobladores agitados por los delincuentes y la policía que retrocedía hasta quedar vergonzosamente arrinconada. Controlada la situación por los delincuentes se iniciaron los saqueos a los negocios aledaños sobre todo en la zona comercial de Gamarra. El saldo de ese día, según la prensa, fue: 2 civiles muertos, 44 civiles y 66 policías heridos y un barrio, el de La Parada, envuelto en miedo y pánico. Un operativo ordenado por la Municipalidad Metropolitana de Lima- por su alcaldesa que a la sazón se encontraba en Nueva York- y conducido por un coronel de la policía nacional.
Día sábado
27, 11 horas.
En los días siguientes al jueves, la actividad comercial fue recobrando su dinamismo
aunque con el miedo que en cualquier momento algo podría pasar. Como en efecto
pasó. Más de 3,000 policías dirigidos por su Director General irrumpieron en
los alrededores del mercado acompañados con tanquetas, ambulancias, unidades de
bomberos, tráileres con los bloques de cemento y maquinaria para hacer las
zanjas y ejecutar el sitio al mercado que había dispuesto la MML. Exhortaron a
los ambulantes a retirarse mientras se producía un cierra puertas en el mercado
y viviendas de la zona, algunos trabajadores y pequeños grupos de violentistas opusieron
resistencia los que primero fueron reprimidos con gases lacrimógenos y luego
con armas, dicen, no letales aunque murieron 2 civiles. Hubo 5 heridos, con los rostros
ensangrentados y cerca de 110 detenidos. El operativo fue “exitoso”, se colocaron
los bloques de obstrucción y se rompió el asfalto dejando grandes zanjas para
impedir el acceso al mercado de los camiones con productos. Triunfó el “principio
de autoridad” impuesto a sangre y fuego.
Epílogo
Es muy censurable la decisión tomada
por la Municipalidad Metropolitana de Lima y su alcaldesa de cerrar un
centro de labores como el mercado mayorista de La Parada, sin medir las
consecuencias sociales y sin ofrecer alternativas a la gran mayoría de los
trabajadores perjudicados. Así como también la decisión de sitiar con bloques y
zanjas sus alrededores, autorizando para ello el uso de la fuerza sin tomar en
cuenta la densidad poblacional del área de influencia del mercado, sin respetar
los derechos de los ciudadanos y ciudadanas que viven en la zona y poniendo en riesgo
sus vidas. Es lamentable observar como autoridades elegidas por el pueblo,
imponen sus decisiones con el uso de la fuerza a despecho un diálogo fructífero
con los afectados.
Es reprochable el comportamiento de
los altos mandos policiales que, a pesar de conocer la zona, el día jueves 25
con negligencia y desconsideración dispusieron el operativo con las lamentables
consecuencias de vidas humanas y un alto número de heridos, civiles y policiales.
Los hechos acaecidos no deben quedar impunes, una seria investigación debe
identificar a los responsables de las decisiones, de la conducción del
operativo y de los delitos cometidos durante el operativo.
Se rechazan los juicios y
adjetivos con que las autoridades, medios de prensa y algunos de los usuarios de redes
sociales se refieren cuando hablan de los pobladores de la zona de La Parada, metiendo
en un mismo saco a delincuentes y a hombres y mujeres, ancianos y niños
honestos y trabajadores. La Victoria ha sido y es cuna de hombres y mujeres probos,
ejemplares y patriotas.




