Visión de la ciudad de Lima
Mucho antes de la fundación española
en el espacio que hoy ocupa Lima ya existían muchos señoríos repartidos por los
valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín y, en éstos se erigieron templos,
grandes pirámides truncas y oráculos entre los que destaca el templo de
Pachacamac, que no solo era el oráculo más importante de toda la costa sino el
que regía todos los valles. Precisamente, el 18 de enero de 1535 es en el
señorío del cacique Taulichusco, situado en el valle del Rímac, que Francisco
Pizarro funda su capital como la “ciudad de los reyes” en honor a los reyes
magos ya que fue el 6 de enero la fecha en la que envió a la comisión para que
busque el lugar adecuada para instalarse en la zona y desde allí dirigir su
labor de conquista y rapiña. Ya constituida como ciudad fue llamándose Lima,
como una corrupción hispánica de Rímac, topónimo quechua del río hablador que
atraviesa la ciudad. Como se vislumbra, la decisión de Pizarro no solo fueron
las sementeras, los árboles, la cercanía al mar y la posibilidad del futuro
puerto para enviar las riquezas arrebatadas, también el oro y la plata que
pensaban había en gran cantidad en las ofrendas de los numerosos templos de la
zona.
Lo que sigue ya es conocido, cerca de
tres siglos duró la dominación española que fue signada por la depredación de
los recursos, el robo del patrimonio de las culturas nativas, el colapso de la
población nativa y la imposición de una nueva cultura. En ese lapso Lima, por
su posición geoestratégica, fue convirtiéndose en la ciudad más importante del
nuevo continente: fue capital del virreinato del Perú, sede de la Real
Audiencia, de la Arquidiócesis de la iglesia Católica, del Tribunal del Santo
Oficio, del Tribunal del Consulado y de la primera universidad de Hispanoamérica.
Al crecer su importancia también lo hizo su puerto que se encontraba a 14 km de
la Plaza Mayor, llamado “puerto de Lima” y posteriormente Callao, fue a través
de él que fueron saliendo las riquezas para España y llegaban las mercancías
para todas las colonias de este lado del continente, lo que lo convirtió en el
principal puerto de la costa occidental de Hispanoamérica.
Producida la independencia, Lima se
convirtió en la capital del Perú, sede del gobierno y de todos los poderes del
Estado peruano. Como tal, fue escenario de la inestabilidad política de los
primeros años de la república y de la ocupación de tropas extranjeras en el
período de la infausta guerra con Chile que representaron para la ciudad
destrucción y saqueo. También fue tributaria de los cortos períodos de
crecimiento de la economía nacional producidos por el auge del guano, de las
exportaciones de materias primas, de la tímida industrialización del período de
la aplicación de las políticas de sustitución de importaciones y por último del
desarrollo del sector servicios que hoy impulsa la ciudad. Pero también fue víctima
de las políticas y amenazas nacionales como la fallida reforma agraria, el
efímero industrialismo de la ciudad y el accionar del terrorismo que atrajeron
oleadas de inmigrantes que presionaron sobre sus suelos y los precarios
servicios urbanos de la ciudad. Así, la capital tuvo que soportar altas tasas
de crecimiento poblacional y un desordenado desarrollo urbano horizontal hacía
las antiguas áreas de cultivo, los arenales y los cerros, expansión que ha
alcanzado a la provincia del Callao por cuya conurbación hoy integran una gran
metrópoli de cerca de 9 millones de habitantes llamada Lima Metropolitana.
Lima ha sido la ciudad que más ha contribuido
al PBI nacional, en la actualidad dicha contribución representa un poco más del
40% y está sostenida por un dinámico sector terciario que agrupa entre otros,
el comercio, transportes y comunicaciones, restaurantes y hoteles y otros
servicios que se ven representados en la gran inversión de los últimos años que
está modernizando la ciudad y mejorando los niveles ocupacionales y de ingresos. A nivel social la urbe refleja una marcada
estratificación de ricos y pobres, siendo el estrato de los pobres el más
inestable pues está determinado por el desenvolvimiento económico de la ciudad,
al 2010 la tasa de pobreza para Lima Metropolitana fue de 12.8%; en el estrato medio
se encuentran los profesionales, pequeños empresarios, obreros y empleados
constituyendo un sector de alta movilidad social y de gran dinamismo económico
que impulsa a la ciudad a la modernidad. Es notorio que dicha estatificación se
manifiesta en los contrastes del perfil urbano de Lima, en sus barrios modernos
y en la pobreza de los asentamientos de los arenales y cerros, así como en el
auge de la construcción de viviendas impulsado por los estratos medios.
Los nuevos tiempos y sus nuevas
dinámicas de desarrollo están cambiado el rostro de Lima pero también están generando
nuevas situaciones que agregan mas complejidad a su problemática cuya solución
solo podrá ser afrontada con la participación de sus ciudadanos y ciudadanas
por ello, la información veraz, la discusión y la búsqueda de la participación
efectiva son el norte de este blog con lo que esperamos contribuir a una Lima
del futuro: moderna, más humana e integrada al mundo.

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